Camino Socialista

19 abril, 2013

Armando montonero

Filed under: Actualidad — caminosocialista @ 5:20 am
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Por Eduardo Gonzalez Viaña

Tenía yo ocho años de edad cuando me enteré de que en mi casa vivía un aprista. Era un abogado respetable y acaso el más importante de la provincia. Una mañana en que yo regresaba de la escuela, desde la esquina cercana, divisé un sigiloso Ford negro estacionado frente a mi casa. De él bajaron cuatro sujetos e ingresaron empujando la puerta.

Vi cómo sacaban a mi padre, y no entendí nada. Pero lo entendí todo, con el corazón, cuando el hombre generoso que estaba frente a mí me lanzó una mirada tierna y levantó el brazo izquierdo.

-¡Hijo querido! ¡Viva el Apra!- me dijo con amor mientras se lo llevaban.

Desde ese momento de mi vida, he aprendido a respetar y a venerar a los luchadores sociales sea cual fuere la ideología o el partido que abracen. Un luchador social, como los cristianos del martirio, es alguien que elige una vida de renunciamientos por amor a los demás y sin esperar más recompensa individual que el orgullo de soñar y de apostar por la utópica sociedad en que todos seremos iguales y felices.

Mucha gente conoce a Armando sólo con los ojos del estereotipo. Se le llama “el zapatón” y se le dibuja como un búfalo colosal. Lo visité la semana pasada. Ninguna intolerancia advertí cuando comenzamos a cotejar algunos nombres e incluso los de aquellos que en un momento fueron sus adversarios.

-¿Qué piensas, Armando, sobre el guerrillero Luis de la Puente Uceda?…-le pregunté. –Lucho fue un valiente. Un santo de verdad- me respondió.

El estrépito de los malls, la frivolidad de la televisión, la depravación de la prensa amarilla domestican, idiotizan y entrenan en el olvido a las nuevas generaciones. Son los medios del capitalismo caníbal para convertir en apolíticos, hedonistas y cobardes a nuestros jóvenes. Con el libro de Armando, ellos se enterarán de que tuvieron hermanos, padres, tíos y abuelos subversivos, y se sentirán orgullosos de saber que el sacrificio de aquellos no fue vano.

Y sabrán que gracias a su sacrificio tenemos la jornada laboral de las ocho horas, la semana de cinco días, las vacaciones, la seguridad en el empleo, la libre afiliación al sindicato, la educación estatal gratuita, y otros caminos hacia la felicidad comunitaria.

El capitalismo no ha obsequiado esas reivindicaciones; ha sido necesario arrancárselas. Las ganó el movimiento popular constituido por gente de todas las denominaciones revolucionarias.

El aprismo no es la única, pero es la comunidad que más ha sufrido en el Perú en la lucha por las conquistas sociales. Además, es una comunidad trágica. La mayoría de los fundadores y el propio Haya de la Torre murieron antes de ver un solo día de triunfo. De igual forma, en nuestros días, los apristas de base son acusados por las culpas de un gobierno en el que la mayoría de ellos no participó.

La supervivencia de Armando y de este libro fiel a la línea primigenia nos hace ver que el partido tuvo en sus filas visionarios, profetas y mártires; en suma, más revolucionarios que políticos. La diferencia entre unos y otros estriba en que los revolucionarios entregan su vida y su libertad por una idea o por una causa. Los políticos entregan la causa para lograr el poder y la fortuna.

En el caso del aprismo, fueron los políticos y los “lobbistas” quienes generalmente ocuparon el poder. Hay ejemplos de lo contrario, pero son pocos.

“Arrogante montonero” nos hace recordar los ideales primeros de la causa popular. Por ellos, los luchadores sociales padecieron en el Panóptico, El Frontón, el Sexto. Nos hace recordar que ese tipo infame de carcelerías se repite en nuestro tiempo y dura ya muchos años en castigo de alguna fe admirable que se formó también en el aprismo como es el caso de Víctor Polay hundido en un calabozo, casi enterrado vivo, mientras algunos corruptos gozan prisiones de lujo.

Fue para que pudiéramos ser felices que estos hombres fueron a la cárcel, y sus hijos no los conocieron sino cuando salían. Fue para eso que la camarada Natalia esperó largos años a su enamorado César Lévano y la camarada Violeta Valcárcel cocinaba para todos sus hijos con una sola pastilla de sopas Maggi. Fue para eso que Alicita Orrego, de ocho años de edad, no reconoció a su barbado y disfrazado padre Antenor, perseguido, pero amó sus dulces ojos azules. Fue por todo eso que muchos niños vimos a nuestros padres salir de casa con los brazos levantados. Y es en razón de todo eso que nos sentimos orgullosos y queremos continuar siendo arrogantes montoneros.

Fuente: http://www.elcorreodesalem.com/2011/09/09/armando-montonero/

3 comentarios »

  1. WONDERFUL Post.thanks for share… waiting for more.

    Comentario por transports — 30 abril, 2013 @ 2:32 am | Responder

  2. mothers day quotes from the bible

    Armando montonero | Camino Socialista

    Trackback por mothers day quotes from the bible — 19 abril, 2015 @ 9:35 am | Responder

  3. artificial grass

    Armando montonero | Camino Socialista

    Trackback por artificial grass — 27 junio, 2015 @ 4:39 pm | Responder


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