Camino Socialista

5 septiembre, 2011

España: Del socialismo de cátedra al socialismo burgués del PSOE

Filed under: Actualidad — caminosocialista @ 12:44 am
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Por Raúl Baelo

Se antoja especialmente necesario en los tiempos que corren una correcta interpretación terminológica de ciertos términos de carácter político y anteriormente social. El concepto socialista abarca una amplia ideología. ¿Qué concepto estaría mejor aplicado al actual Partido Socialista Obrero Español (PSOE)?

La terminología a menudo se antoja enrevesada e indeterminada. La falta de conocimientos de conceptos fundamentales para expresar una opinión sólida y funcional es habitual, cuando se mencionan ciertas conceptualizaciones. Muestra clara de ello es la utilización del término “socialista” como atribución al PSOE.

Sin querer polemizar sobre la imprecisa y siempre aparatosa historia de tal partido, y los recientes cambios en su ideología (actualmente mal entendida como de centro- izquierda), se cree primordial una buena definición de los valores políticos de dicha formación.

Para entender lo irreflexivo que resulta continuar llamando socialista al partido creado en 1879 por Pablo Iglesias, en principio de ideología marxista y de verdadera contribución tanto ideológica como activa al proletariado consecuente, únicamente debemos atender a sus medidas políticas, así como a la dejadez en sus ideales de la lucha contra el capitalismo. Cien años después de su creación, desde el PSOE se aceptaba en sus estatutos su reformismo, y el abandono de la defensa de la clase obrera bajo el mandato de Felipe González.

Muchos atribuyen dicho cambio político a un simple Congreso, pero desde hacía muchos años el PSOE no servía a la clase obrera. Desde su legalización tras la dictadura, nada fue igual. No es ético, y carece de todo sentido, que un partido político siga denominándose socialista pese a renunciar a todo principio marxista. En este caso no es revisionismo, es que no podemos observar ni huella alguna de Marx en el PSOE contemporáneo.

Desde el socialismo científico fundado por Karl Rodbertus, pasando por su atribución más revolucionaria y archiconocida realizada por Marx y Engels. Frente a tales ideas colectivistas podemos entender el más puro socialismo, como medida realizada para solucionar los problemas de la sociedad de aquella época. De este socialismo llamado utópico podemos entender la voluntad más altruista y bondadosa posible, en defensa de las clases más bajas y especialmente del trabajador.

Más allá de este socialismo científico podemos encontrar diferentes revisiones y variaciones, algunas de ellas adaptadas en relativa plenitud a la esencia socialistas. Mientras otras han optado por reformar incesantemente los fundamentos de tal teoría. Desde el socialismo corporativo que surgen a principio del siglo XX en Inglaterra, pasando por el socialismo cristiano que buscaron en una enorme falacia alguna solución a la lucha de clases, pareciendo no comprender nada de lo que ésta representa. A lo largo de la historia también podemos encontrarnos con el socialismo de Estado, el indudable reformismo del socialismo democrático acordado en el Congreso de Francfort en el año 1951. También ha habido hueco en la extensa historia socialista para la corriente anarquista o sindical con el socialismo libertario y guildista, respectivamente.

Podríamos continuar describiendo y mencionando las corrientes socialistas más reformistas, pero el propósito no es un estudio del avance y revisiones socialistas a lo largo de la historia, sino comprender por que no debemos seguir calificando al PSOE como socialista. Para ello dejaremos de lado todas estas corrientes más o menos socialistas y nos centraremos en el llamado socialismo de cátedra para encontrar un modelo similar al de tal partido en los tiempos que corren, aunque con ciertas reseñables discrepancias ideológicas.

Llamado de cátedra por las características de sus fundadores y principales pensadores, que eran especialmente profesores de universidad y políticos, normalmente de tendencia que hoy en día llamaríamos neoliberal (aquí la primera coincidencia, que pronto comenzamos), y que defendía la integración pacífica del capitalismo en un sistema capitalista, resaltando que el Estado controlaría tal sistema para que no hubiera desajustes económicos y sociales de ningún tipo. Por ello desde el principio fue enormemente criticado desde las escuelas de pensadores dicho movimiento, que tuvo su mayor esplendor con el fin de la Comuna de París en el 1872, en una época convulsa donde la confusión resplandecía e integraba el ambiente general del socialismo.

Dicha teoría de cátedra únicamente era un plan burgués para perpetuar un sistema de clases, y en aquel momento no tuvo mayor relevancia, aunque cuenta en la actualidad con un reformista aunque fiel representante. Podríamos llamar a la corriente actual más neoliberal que diga representar a Marx y Engels como socialismo burgués, término acuñado por numerosos intelectuales en la actualidad.

Su táctica es sencilla, al igual que el socialismo de cátedra pretende continuar con la distinción económica y social de ricos y pobres, aunque para ello han pensado un maléfico plan que mermará el pensamiento revolucionario de las personas de manera increíblemente eficaz y con una maquiavélica plenitud. El fin justifica todos los medios en este caso. Para ello, se apoyan en el capitalismo más real para ofrecernos unas comodidades mínimas, acompañadas de una vida social basada en la ignorancia y sin dejar posibilidad a un futuro prometedor.

Es sencillo hacer pensar a las personas que tienen algo que perder para así poder manipularlas a su antojo, y para ello no se duda en difamar continuamente. Todo sea para llevarse un trozo del pastel. El actual PSOE (y con actual pretendo referirme a los últimos 30 años), no merece el título de socialista. Al igual que muchas de las teorías anteriormente mencionadas, propugna un socialismo íntegramente revisionista. Las etiquetas sólo esconden el interior de las cosas, no dejemos que manipulen con indigna propaganda.

Por mucho que el PSOE haya sido socialista, y su carta de presentación sea de tal manera, su intención no es servir a la clase obrera, ni cambiar la sociedad, ni tan siquiera conseguir mejoras laborales, sanitarias o simplemente sociales. Su carácter neoliberalista le obliga a servir al capitalismo y defender el actual sistema de clases. Dejen de engañarnos, nuestra conciencia y dignidad es más fuerte que su riqueza.

***
Fuente: Libre Red.net: http://www.librered.net/?p=10122

 

 

 

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