Camino Socialista

13 julio, 2011

Sánchez Vázquez o la razón marxista

Por Ariel González Jiménez

Leerlo y escucharlo significó saber que había otro Marx, uno ajeno por completo a los manuales soviéticos o cubanos, uno más rico y pletórico de sugerencias libertarias y críticas.

Para Fito, con un abrazo solidario

Personalmente, nunca lo traté. Cuando mucho, tuve oportunidad de saludarlo en alguna ocasión. Sin embargo, siempre lo leí con gran interés, admiración y respeto por su estatura intelectual, por la aventura que representaba seguir sus ideas, siempre desplegadas en toda su riqueza, con todo el rigor que sólo una mente ordenada y lúcida puede generar.

Al ser muchas sus enseñanzas, puedo decir justificadamente que fue mi maestro, aunque no tuve el privilegio de escucharlo en las aulas, pero sí en los grandes auditorios, exponiendo con gran sencillez y claridad asuntos cuya naturaleza era de por sí compleja: la praxis en la obra de Marx, las ideas estéticas, la ética, el futuro del socialismo, la utopía…

En el centenario de Carlos Marx, en 1983, fui a escucharlo en el Palacio de Bellas Artes, donde participó como uno de los oradores principales. Yo acababa de ingresar a la Facultad de Economía de la UNAM y estaba ávido de conocer su perspectiva sobre el pensador de Tréveris. Aunque se trató de que fuera un acto plural, muchos grupos querían adueñárselo. La gritería desde algunos balcones era tal que por momentos era imposible escuchar las intervenciones de los oradores, pero fue la voz de Adolfo Sánchez Vázquez, serena pero contundente, la que consiguió imponerse en aquel homenaje al autor de El Capital. Su autoridad era evidente.

Si bien ya conocía varios textos suyos, leer a Sánchez Vázquez se convirtió en uno de los mejores caminos para mantener —entre todos los que abrazábamos la causa socialista— la búsqueda de nuevos referentes. Porque es un hecho que ya se escuchaba en todo el mundo el crujir del llamado socialismo real (que ni era real ni era socialismo, según las palabras aproximadas que usó alguna vez Sánchez Vázquez). No sabíamos hacia dónde iban los acontecimientos y la crisis de la izquierda. ¿Cómo adivinar que estábamos a unos años apenas de la caída del Muro de Berlín y de la desaparición de la Unión Soviética? No obstante, en un país donde los libros y las ideas solían llegar tarde (por ejemplo, pudimos leer en español las Mitologías de Roland Barthes sólo 15 o 20 años después de su aparición), Adolfo Sánchez Vázquez representaba para la izquierda siempre la posibilidad de actualización teórica y —hubiéramos querido— práctica.

Leerlo y escucharlo significó saber que había otro Marx, uno ajeno por completo a los manuales de marxismo soviéticos o cubanos, uno más rico y pletórico de sugerencias libertarias y críticas. Significó desconocer y rechazar a los regímenes policiacos y totalitarios que se ostentaban como socialistas, y revindicar, desde el rigor intelectual y aun desde la utopía (de la que creo nunca hay que deshacernos como especie, porque en ella van todos nuestros sueños y anhelos más caros), un socialismo democrático con una amplia escala de valores humanos.

Para hacernos ver esto, Adolfo Sánchez Vázquez lanzó una de las miradas más renovadoras que existen en torno de la obra juvenil de Carlos Marx, especialmente los Manuscritos económico-filosóficos de 1844, que sólo se conocieron a comienzos del siglo XX. Es a partir de la revisión de esta obra donde se produce el reencuentro con la más poderosa crítica que se haya hecho del sistema capitalista, aquella que señala la inmensa miseria que rodea, paradójicamente, la inmensa riqueza creada; la que muestra la enajenación humana en todas sus vertientes y la que exige la transformación radical del mundo.

Por lo demás, si hay una filosofía marxista, fue Sánchez Vázquez quien mejor la interpretó a través de su obra mayor, Filosofía de la praxis, concibiéndola como el examen de la actividad humana transformadora de la naturaleza y la sociedad, y poniendo a esta categoría en el centro mismo del discurso marxista. La discusión sobre la filosofía marxista no se ha cerrado nunca, pero estoy convencido de que al menos hay una razón marxista en un doble sentido: un cuerpo teórico completamente original y rico, y una causa (un estado de cosas indignante) frente al que hay que reaccionar. Sánchez Vázquez la representaba.

El pensamiento religioso de una parte de la izquierda nada debe, desde luego, a la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, quien combatió los dogmas, la propensión a la metafísica que había atrapado a algunos estudiosos de El Capital y la intolerancia en todas sus formas.

Hace un tiempo escribí que ahora, cuando el marxismo está a la baja y los proyectos socialistas en bancarrota, teóricos como él nos ayudan a reconocer lo que hay de cierto, de perdurable y valioso en la obra de Marx. ¿Cómo echar a la basura el legado de gestas, movilizaciones y sueños que produjo su obra y que merecen ser reconsiderados en todo su potencial libertario?

Se va a extrañar, y mucho, a este exiliado distinguido, universitario ejemplar, amante de la belleza y pensador excepcional.

****
Fuente: Milenio: http://impreso.milenio.com/node/8989343

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: