Camino Socialista

17 abril, 2011

Humphrey Slater: el lenguaje de la intolerancia

Filed under: Actualidad — caminosocialista @ 12:03 am

Por Carlos Sampayo

Comunista y miembro de las Brigadas Internacionales, la fascinante vida de este escritor inglés, poco conocido en español, es la historia de la lucha contra el fascismo y su descontento con Stalin.

En 2009 se dieron a conocer en español las primeras novelas de Humphrey Slater, escritor inglés nacido en 1906 y muerto en 1958. Slater es un personaje, un valor a agregado a la calidad de su escritura y su maestría como novelista. Pero hemos de saber quién fue comenzando por su desaparición: “muerto en España en ‘extrañas circunstancias’”. Con España, Slater tuvo una relación de militante y combatiente. Comunista, miembro y comandante de las Brigadas Internacionales, rompió con el partido como consecuencia de la traición de Stalin, dentro y fuera de las fronteras de la Unión Soviética. Slater pasó a formar parte de los apestados del Komintern y la Komiform, como Victor Kravchenko, George Orwell, Arthur Koestler y Victor Serge, utilizados y denostados por la derecha y la izquierda y, en los tres primeros casos, escritores de gran fama.

Vanguardia de la resistencia

Slater, que antes que escritor había sido un artista plástico de renombre, pertenecía al grupo de Bloomsbury y al círculo íntimo de Virginia Woolf. Como comunista puro, fue un optimista, aun después de perder la guerra de España. Escribe Woolf en su diario: “Ayer Hugh (Humphrey) Slater señaló que su instinto le decía que no habría guerra. El bueno de Clive, sentado en la terraza, comentó: ‘No quiero tener que vivirlo….’.” Alemania invadió Polonia a las pocas semanas.

En 1940 Slater ya formaba parte del grupo de instructores de la Osterley Park Training School for Home Guards fundada por el comandante brigadista Tom Wintringham y el pintor Roland Penrose. En dicha escuela se instruía a una vanguardia de voluntarios que deberían liderar la resistencia en caso de invasión de Gran Bretaña y cruzar a Francia para combatir a los nazis en un continente al que estaban arrasando. Esa posibilidad de una invasión de Gran Bretaña llevó a Slater a escribir y publicar dos libros, War into Europe y Home Guard for Victory , ensayos breves sobre el giro político y militar que podría tomar la expansión del Tercer Reich por Europa y sobre tácticas y estrategias de la guerra de guerrillas que conocía por su experiencia en la Guerra Civil Española.

En enero de 1941, el Comité Central del Partido Comunista de Gran Bretaña informó de la expulsión de Slater por su negativa a discutir sus diferencias “ideológicas” con la línea oficial, marcada sin recato por Moscú. Pero una de las verdaderas razones, y quizá de mayor peso para la expulsión, fue su vínculo con Wintringham. El propio Wintringham vio cómo el gobierno británico clausuraba la escuela, en la que llegaron a adiestrarse más de cinco mil voluntarios, muchos de ellos de tendencia trotskista.

Slater fue llamado a filas y los archivos de los servicios secretos reflejan sus esfuerzos para que se le reconociera su experiencia combatiente en España y su capacidad como instructor; ello provocó la desconfianza de la oficialidad del ejército, turbada por el empeño de un veterano militante comunista muy conocido por los informadores de la policía y fichado por el MI5 como elemento peligroso. Fue alistado como soldado fusilero.

El tema de la intolerancia ya germinaba en el escritor, y sobre éste tratan dos de sus libros Los herejes y El conspirador. La intransigencia del aparato comunista fue el cimiento de las obras.

Los herejes son dos narraciones cuya acción transcurre en distintos tiempos y lugares. La primera trata de la persecución de los albigenses por Inocencio III, centrada en las peripecias de los niños huérfanos de las víctimas de la hoguera papal en Avignon a finales del siglo XII. La suma de estos niños dará lugar a una sociedad de desamparados que supuso un enorme obstáculo para la restauración del orden de la fe. El cataclismo de la Europa cristiana se evitará mediante la organización de la llamada Cruzada de los Niños. Los protagonistas, Elizabeth, Paul y Simon, pioneros en esta rebelión de supervivencia, serán neutralizados en modo abyecto.

Volvemos a encontrar los mismos nombres en la España de 1936, tres jóvenes antropólogos ingleses que se ven implicados en el conflicto y asumen roles confrontados: la amante del militar profesional que termina siendo alto funcionario de la República, el combatiente libertario, el miembro del aparato del partido. La primera parte de la novela aparece citada en la segunda: Elizabeth la ha leído. Dos escrituras se confrontan también aquí: una poética y trágica, la otra sintética y testimonial, obra de un periodista excelso. Y sin embargo, para usar una idea y un trasfondo de Vasili Grossman, todo fluye.

El conspirador revela con brutalidad aquello que es específico en la mentalidad estalinista: la cerrazón en el dogma, los discursos preestablecidos y la inhumanidad de las palabras, la permanente amenaza, la impiedad. Un agente estalinista infiltrado en el ejército británico se casa con una joven de buena familia sin pedir permiso al partido. Esta decisión libre, la única de su vida, se revelará devastadora. El partido, a través de sus servicios secretos en Londres, ordena al militar que elimine personalmente a su esposa; el plan es “revelado” al director de los servicios en Moscú durante una partida de ajedrez con su hija, en escena de ternura familiar. Lo que interesa a Slater es describir los mecanismos de los servicios secretos soviéticos y la bajeza ética de su correa de transmisión: el lenguaje. Los conocía muy bien. Quizá formara parte de esos servicios cuando participó en la Guerra Civil Española. La descripción del totalitarismo aplicado a la vida cotidiana es soberbia y da lugar a la reflexión sobre la fe en una Verdad suprema por encima del individuo (en este caso la Revolución, el Partido). Esas instancias teológicas exigen expiaciones humanas. En la actualidad han adoptado nuevos nombres, pero un mismo ímpetu.

Aunque las novelas de Humphrey Slater reflejan su amarga constatación, no intentan convencer de lo que ya se sabe, sino que previenen, acaso no involuntariamente, sobre la perversión del lenguaje cautivo.

***

Fuente: Diario Clarin: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Humphrey_Slater-_el_lenguaje_de_la_intolerancia_0_459554066.html

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