Camino Socialista

21 febrero, 2011

Todo un diccionario para Gramsci

Filed under: Actualidad — caminosocialista @ 1:56 pm
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Reseña: Guido Liguori y Pasquale Voza
Dizionario Gramsciano 1926-1937. Roma: Carocci Editore, 2009)

Desde que se publicó por primera vez a partir de fines de la década de los 1940 la obra madura del marxista italiano Antonio Gramsci (1891-1937), los Cuadernos de la cárcel, esta no ha dejado de suscitar interés ni debate al respecto de su interpretación. De hecho, la historia editorial de los Cuadernos –como de la obra gramsciana en general– así como de sus distintas vertientes interpretativas es por sí misma interesantísima (ver al respecto de Guido Liguori, Gramsci conteso. Storia di un dibattito: 1922-1996). En el fondo, todo se desprende de la naturaleza incompleta y fragmentaria de los manuscritos que componen los Cuadernos. En efecto, esta ‘obra madura’ de Gramsci se compone de 33 cuadernos en los que este trabajó de 1929 a 1935 dentro de las cárceles fascistas mussolinianas.

La primera edición de sus escritos carcelarios en seis volúmenes, a cargo de Felice Platone y bajo la supervisión de Palmiro Togliatti, se publicó del 1948 al 1951. La naturaleza temática de esta edición cumplía varios propósitos. Por un lado, volúmenes ordenados a partir de temas amplios facilitaban y aligeraban el trabajo de edición de una obra cuya materialidad obliga a requerir más trabajo y esfuerzo si fuese a presentarse de forma más fidedigna.

Por otro, y siguiendo lo anterior, esta edición temática facilitaba una mayor difusión inicial del legado teórico de Gramsci. Y los propósitos se cumplieron, pues la publicación de la obra carcelaria gramsciana dio paso en Italia a un continuo debate al respecto de cómo interpretarla; desde la perspectiva que se intentaba inicialmente imponer por Togliatti y el partido de Gramsci como un leninista, hasta tantas otras que hablaban de un Gramsci socialista democrático, de un Gramsci idealista, de un Gramsci heredero de las mejores tradiciones intelectuales italianas, de un Gramsci obrerista, etcétera, etcétera.

Las reacciones tan contundentes y los debates por parte de estudiosos y militantes sobre la obra carcelaria gramsciana fue poco a poco llevando a que fuese clara la necesidad de una edición crítica de la los Cuadernos. La edición original, temática, de los Cuadernos, se acerca a dar una impresión de trabajo terminado. Más allá de los méritos específicos (que son muchos) de esta edición inicial, provee una ilusoria impresión de coherencia y nitidez, y, como comenta Francisco Fernández Buey en su Leyendo a Gramsci (Barcelona: El Viejo Topo, 2001, p. 131), “Se pierde, en suma, lo que fue el atormentado proceso de redacción de algo que no es propiamente un libro, ni una obra acabada, ni tampoco un conjunto de ensayos monográficos”. Los escritos carcelarios gramscianos se componen de una colección de libretas repletas de notas, fragmentos, elaboraciones de diversa extensión sobre diferentes temas, anotaciones bibliográficas, citas de libros y revistas leídas en prisión, reflexiones autobiográficas, etcétera.

Con ello en mente, poco a poco comienza a trabajarse en una edición crítica de los Cuadernos que finalmente ve la luz en 1975, a cargo de Valentino Gerratana (y de la que hay una excelente traducción y edición al español en seis volúmenes por la editorial mexicana Era). Esta edición reproduce íntegramente el conjunto de los cuadernos carcelarios de los que dispuso Gramsci en la cárcel. La reorganización del material es mínima pues presenta al lector los cuadernos en orden cronológico, lo que no implica por otro lado que todas las notas contenidas en los cuadernos hayan sido escritas en estricto orden cronológico, porque sabemos que Gramsci sólo disponía de unos pocos cuadernos a la vez en su celda, y a veces paraba de escribir en un cuaderno para ponerse a escribir en otro, etcétera. El propósito de esta edición es permitir que el lector pueda críticamente ir trazando de mejor forma el ritmo del pensamiento de Gramsci en la medida en que se iba plasmando en su escritura carcelaria. Permite, por ejemplo, calibrar y sopesar las modificaciones que hace Gramsci de la primera redacción de un texto a su segunda. Para muestra un botón basta: uno puede por ejemplo, ver como en algún texto de primera redacción Gramsci para hablar de marxismo usa la expresión común de ‘materialismo histórico’, mientras que en la segunda redacción de ese mismo texto en vez de ‘materialismo histórico’ escribe la expresión ‘filosofía de la praxis’, expresión que cobrará cada vez más presencia en la medida en que avanzan los cuadernos. Aunque parecería un detalle mínimo, acaso insignificante, al lector promedio, el uso de ‘filosofía de la praxis’ por parte de Gramsci (que a su vez toma del filósofo marxista italiano Antonio Labriola) para referirse al marxismo refleja su intención, por un lado, de alejarse de las lecturas mecanicistas y naturalistas del marxismo tan popular entre marxistas militantes de su época enfatizando la praxis de los sujetos, y, por otro, expresa claramente la lectura politicista particularmente gramsciana del marxismo.

La ausencia de la inclusión de los cuatro cuadernos que Gramsci dedica a ejercicios de traducción, más un, a nuestro parecer, excesivo puntillismo filológico al respecto de tratar de fechar cronológicamente todas las notas carcelarias ha llevado a una voluminosa nueva edición (incluida en la Edizione Nazionale delle Opere di Antonio Gramsci) que está aún en el proceso publicación. En todo caso, esta edición crítica de 1975 de los Cuadernos constituyó un hito en los estudios gramscianos permitiendo hacer una mejor lectura de la obra del marxista italiano, mucho menos apta ahora de fáciles encasillamientos interpretativos a conveniencia.

No obstante la disponibilidad de la edición crítica, la realidad es, como recuerda recientemente Peter Thomas en la introducción a su libro The Gramscian Moment (Londres: Brill/Historical Materialism, 2009), que no es hasta esta última temporada de estudios gramscianos, más o menos desde mediados de los 1990 y particularmente en Italia, que los estudiosos se ponen como tarea central el tratar de interpretar a Gramsci tomando muy cuenta el desarrollo, el ritmo, las múltiples temporalidades, de su escritura en los Cuadernos. Vale la pena, por rigor, mencionar al menos los nombres de algunos de estos estudiosos como Guido Liguori, Giorgio Baratta, Fabio Frosini, Alberto Burgio, ahora Peter Thomas, entre otros.

Entre otros trabajos que podríamos mencionar, al presente vale la pena destacar dos. El primero es el volumen colectivo editado por Guido Liguori y Fabio Frosini Le parole di Gramsci. Per un lessico dei Quaderni del carcere (Roma: Carocci Editore, 2004). Este libro es producto de unos seminarios periódicos que celebra la International Gramsci Society-Italia, al respecto de las palabras y lemas claves en los Cuadernos de Gramsci. Cada texto del volumen trata de delinear los contornos generales así como los cambios o modificaciones específicas que van sufriendo palabras claves de Gramsci a través de los distintos cuadernos, de una redacción a otra, etcétera. Es un recurso muy valioso.

A Le parole di Gramsci se añade ahora un segundo trabajo que queremos significar, y sobre el que queremos concentrarnos en esta breve reseña. Nos referimos al Dizionario gramsciano 1926-1937, editado por Guido Liguori y Pasquale Voza que acaba de publicar a fines de 2009 Carocci Editore. Este mastodóntico volumen (920pp.) está destinado a ser una herramienta fundamental tanto para especialistas en la obra gramsciana como para todos aquellos que quieran acercarse con mayor facilidad (pero con rigor) a los Cuadernos, cuya naturaleza fragmentaria, a veces tosca, lo hace un texto de difícil manejo.

El Dizionario gramsciano contiene sobre 600 voces, desde las más sonadas palabras claves de Gramsci como hegemonía, bloque histórico, estado (ampliado, ‘integral’), intelectuales orgánicos/tradicionales, sentido común, guerra de posición/guerra de movimiento, catarsis, americanismo, hasta otras como el uso gramsciano de expresiones tales como humildes, subalternos, e incluso tiene artículos sobre la presencia en los Cuadernos de figuras como Gaetano Mosca, Gyorgy Lukács, Maquiavelo, Marx, Aristóteles, Weber, etcétera. En fin, es un volumen impresionante. Aunque predomina, tal vez por razones obvias, la presencia de autores italianos, también figuran muchos estudiosos de Gramsci de otros países como Carlos Nelson Coutinho (Brasil), Joseph Buttigieg (EEUU), Marcus Green (EEUU), Peter Thomas (Reino Unido), Peter Ives (Canadá), Jacques Texier (Francia), entre otros. Confesamos, no obstante, que extrañamos la presencia de reconocidísimos intelectuales y grandes conocedores de la obra de Gramsci como Francisco Fernández Buey, W. .F. Haug, y Dora Kanoussi, por sólo mencionar algunos nombres que parecerían indispensables para un proyecto como este.

El lector no especialista podría tal vez hacerse las siguientes preguntas, ¿Por qué un diccionario gramsciano? ¿Acaso Gramsci acuñó tantas palabras y conceptos nuevos? Sí y no. Realmente muchas de las palabras, expresiones, y conceptos que uno asocia con la obra de Gramsci no son creados ni acuñados por él. El concepto de hegemonía, por ejemplo, era moneda común en los debates de la II y III Internacional; de hecho, en los Cuadernos Gramsci habla de Lenin como el gran teórico de la hegemonía. La expresión ‘filosofía de la praxis’, como recordábamos anteriormente, la usó (y con fines parecidos) Antonio Labriola. El uso de la palabra bloque (como en ‘bloque histórico’, o bloque de poder) lo toma de Sorel. Cuando habla de los elementos ético-políticos del estado, está tomando de Benedetto Croce. Toma prestado del lenguaje militar (subalternos, guerra de movimiento/guerra de posición). Y así similarmente pasa también con ideología, catársis, entre tantos otros.

No obstante, mucho de este vocabulario heredado va resignificándose en la medida en que Gramsci va escribiendo en los cuadernos, y palabras y expresiones que originalmente son heredadas de tradiciones a veces radicalmente distintas no sólo van cobrando significados nuevos sino que además van formando toda una nueva red conceptual común. Las innovaciones son lo suficientemente sustanciales como para que en efecto se pueda hablar de un léxico propiamente gramsciano. Podría plantearse que la relación y el uso de Gramsci de esas palabras y conceptos heredados o tomados prestados es una de superación en sentido hegeliano (aufhebung, aufheben), es decir, confronta su sentido original, trascendiéndolo para plantear algo nuevo pero reteniendo –aunque transformados– elementos o ecos del sentido previo. Todo ello hace que conceptos que tienen un origen previo cobren nueva vida y y nueva función en la teoría ético-política de Gramsci. Tanto Le parole di Gramsci como ahora elDizionario gramsciano permiten calibrar mejor la innovación de Gramsci y su gran aportación de útiles herramientas conceptuales para entender el funcionamiento y las lógicas del poder así como la política moderna.

No cabe más que celebrar la publicación de lo que seguramente constituirá un nuevo hito en los estudios gramscianos. Nos gustaría pensar que una obra tan importante pudiera ver la luz traducida a otros idiomas, aunque sea al menos en ediciones más limitadas, haciendo una buena selección de tan rica muestra. Igualmente, y para finalizar, nos gustaría pensar que esta obra representará un aliciente para que nuevas generaciones se interesen por la obra de Antonio Gramsci.

Fuente: Gramscimanía: http://gramscimania.blogspot.com/2011/02/todo-un-diccionario-para-gramsci.html

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