Camino Socialista

15 noviembre, 2010

El concepto de Mundo: del Manifiesto del Partido Comunista a los Cuadernos de la Cárcel

Filed under: Actualidad — caminosocialista @ 9:50 am

Por Giorgio Baratta (*)

El mundo es grande y terrible, y complicado. Cada acción que es lanzada sobre su complejidad, despierta hechos inesperados
Antonio Gramsci, 1917

La historia siempre es “historia mundial”… las historias particulares sólo viven en el cuadro de la historia mundial
Antonio Gramsci, 1935

1. El concepto de “mundo” asume desde los escritos juveniles de Marx y Engels un sentido corposamente espacial, bien lejos de las metáforas y abstracciones hegelianas como el “curso del mundo (Weltlauf), el “espíritu” del mundo, Weltgeist y la “historia” del mundo (Weltgeschichte) de que habla la Fenomenología del espíritu. Aquí, como en todo Hegel, el “mundo” no está nunca solo, necesita una imagen u otro pareja conceptual para anunciarse. Y sin embargo, como Gramsci nota, en este “modo ‘metafórico’ o imaginativo”, Hegel y su “espíritu” del mundo tienen el gran mérito de “llamar la atención” sobre la dificultad metodológica de “pensar la historia como solista ‘historia nacional’ “, Q 1359.

En el Manifiesto el “mundo” es ya un concepto lleno y autónomo, como es evidente cuando leemos que “la burguesía se forja un mundo según su misma imagen”: es el mundo “preparado por el descubrimiento de América” y creación de la “explotación del mercado mundial”, que “imprime carácter cosmopolitico a la producción y al consumo de todos los países” y produce una “dependencia universal de las naciones”. Y’ este el “mundo” que “los proletarios tienen que ganar”: sociedad, territorios, relaciones interindividuales de liberar y de plasmar de modo “comunista”, imprimiendo nueva forma económica y política a lo que ya es patrimonio o sentido común de los diferentes (individuos) pueblos, culturas, pero que viene conculcatamente discriminado e injustamente distribuido, sobre la base de la “división” del trabajo a nivel sea a selección nacional que internacional, es decir de la economía capitalista.

2. “Mundo” y “comunismo” van del brazo, nacen conceptualmente juntos. De ello La ideología alemana dice a claras cartas que el comunismo es mundial o no es, y que más bien, si no se da al mismo tiempo en todos los países, antes o después “resurgirá toda la antigua mierda.”

Tal como ha ocurrido puntualmente.

La revolución teórica que Marx y Engels han producido con la conjugación de aquellos dos conceptos, tiene origen de la radical “humanización” que el “mundo” en su pensamiento esperisce. Pero ésta es posible, sin caer en los prejuicios antropocéntricos del humanismo tradicional, sobre la base de una concepción histórico-materialista que funda aquellos que un filósofo más reciente llamará “el mundo de la vida” sobre las necesidades y el trabajo de los hombres, y por lo tanto sobre la relación orgánica de cada individuo con los demás individuos y con la naturaleza.

Entiendo por humanización del mundo la desaparición de cualquiera forma de transcendencia en el horizonte concreto de vida y pensamiento de los individuos y la valorización del individuo mismo como anillo de salida y “atadura” en la construcción de su mismo ser natural-social. La lucha implacable pero muy ardua que Marx emprende contra individualismo y liberalismo, tiene su origen en el necesidad-dificultad de conquistar una dimensión colectiva y comunitaria de los individuos en ausencia de “universales objetivos” de utilizar como momentos de mediación y conciliación de intereses contrastantes. La ejemplar deconstrucción y reconstrucción genético-materialística que el joven Marx cumple filosofía hegeliana del Estado, “libre”, por así decir, las energías práctico-teóricas para que “la fantasma del comunismo” pueda atravesar la sociedad civil y el Estado existente afirmándose el proyecto político adecuado a lo que como los individuos de todo el mundo pueden construir asociándose contra una relación económica que los pone en condición de recíproco antagonismo. El “mundo de ganar” es imaginado o soñado por la fantasma, pero sería puro quijotismo si no se tratara ya ahora del ustedes, nuestro mundo real.

El “comunismo” tiene su terreno de cultivo en la conciencia del contemporáneo diseguaglianza y comunidad de los individuos y en la crítica de todas las instancias “totalitarias” que superen, en vez de integrar, las necesidades y los derechos a los individuos. Como tiene bien enseñado Etienne Balibar en su reciente ensayo sobre la “filosofía de Marx”, tiene aquí raíz la lucha al cuchillo que Marx tiene que emprender con un adversario que intenta ocupar, en sentido solipsista en vez de comunista, su mismo espacio conceptual: Stirner, defensor del individuo individual en su “unicidad.”

Si los individuos son privas de garantías transcendentes, el “mundo” y los “organismos” de que ellos entran a hacer parte, son hechos del ellos mismo tejido. Por converge el “mundo” mismo, no representando una instancia superior o separada respecto a los individuos, invade su “alma” con su materialidad y espacialidad. Acaban el Espíritu como la Materia, acaba la Filosofía, emergen nuevos amasijos de búsqueda como lo que Gramsci llamará el “filosofía-política-economía”. Nace un ritmo de pensamiento híbrido y polivalente, que empieza a ritmar el enredo o el contrapunto de saperi diferentes, la economía, por ejemplo, se convierte en ciencia de la sociedad, de culturas diferentes, el proletariado es heredero de la filosofía clásica alemana, de espacios diferentes, la revolución mundial pone en crisis la primacía del occidente, de sujetos diferentes, el hombre y la naturaleza.

Si queremos colocar Marx en la “historia” de la filosofía, podríamos decir que él se propone de pensar de modo radicalmente “mundano” y es decir de apagar definitivamente aquella metáfora de la luz en la concepción de la verdad, que acompaña desde los principios el recorrido contemplativo y especulativo de la filosofía occidental. Nos probó, primera que Michelangiolo, Galilei, y Descartes construyeran la moderna, dualística imagen del mundo, un “omo sanza cartas”, el pintor-ingeniero Leonardo que, en su contienda con el idealista Ficino, desvistió de cada transcendencia y radicalmente naturalizado el espíritu de la luz. El político-economista Marx irá recto a la modalidad político-social del problema: “los filósofos sólo han interpretado el mundo, se trata de transformarlo.”

Resulta la necesidad de un proceso “inmanente” de pensamiento que quebrante las tradicionales barreras disciplinales – congeniales a la división capitalista del saber – que fueron remachadas sustancialmente por la “enciclopedia” hegeliana de las ciencias. Y’ así que el mayor trabajo teórico emergido por las intuiciones del Cartel, vale a direIl capital – como ha sido dicho prematuramente por un filósofo italiano a difunto, Carmelo Lacorte – será junto una obra de economía, como de geografía, de antropología, de ética, de filosofía etcétera

Al centro de la obra de Marx está no tanto un “economía-mondo”, sino el “mundo” mismo definitivamente secularizado, y es decir el planeta-tierra que los modernos “descubrimientos” geográficos han empezado a recomponer en su totalidad territorial, por largo tiempo desconocido, y que el mercado capitalista ha empezado a reunificar socialmente, creando las premisas de aquel “comunismo capitalista”, de que se habla en el III Libro del Capital, que no es un oxímoron sino una realidad, económica pero no sólo, que viven hoy y sufren sobre la misma piel millones y millones de individuos de todo el mundo.

3. El Cartel, con otros escritos filosóficos, económicos y políticos de Marx y Engels, está entre los principales manantiales de pensamiento, junto a textos de Maquiavelo, de Cruz y de Lenin, de la obra abierta de los Cuadernos de la cárcel. Gramsci no conoció muchos trabajos del joven Marx, por ejemplo los Manuscritos económico-filosóficos del 1844. A pesar de los evidentes “restos” idealistas de este escrito, se puede afirmar que de allí tiene principio aquella “lucha” con y contra el subjetivismo-idealismo moderno que tiene que conducir, según Gramsci, a una humanización no humanística (antiantropocentrica) del mundo, y junto a una determinación radicalmente mundana, pero no naturalística, del hombre.

También por Gramsci, como para Marx y Engels, los conceptos de “mundo” y “comunismo” son correlativos y, como por ellos, el proyecto político del comunismo tiene y no puede no tener una fundamental premisa filosófico-epistemológica en la liberación de la mente de las hipotecas de transcendencia en el modo de concebir el mundo, de que son no sólo portadoras la antigua tradición del realismo católico-aristotélico pero también aquellos más modernos que el materialismo metafísico y del subjetivismo idealista.

Más que Marx y Engels, Gramsci acentúa la importancia de las coordenadas “culturales” y “espaciales” de la correlación entre la unificación ‘tendencial’ del mundo y el comunismo.

Hay una lucha por la objetividad… y esta lucha es la misma lucha por la unificación cultural del género humano”., Q 1416, Pero también es lucha por el comunismo: movimiento real que suprime un estado de cosas se basado en las “contradicciones interiores que destrozan la sociedad humana” – a partir de las contradicciones de clase – como sobre presuntas separaciones irreversibles entre pueblos, culturas, etnias, papeles, funciones, se piensan, sólo para hacer un ejemplo, a la revolucionaria “pedagogía” de Gramsci, en particular a sus análisis de las relaciones entre maestro y discente en el proceso de aprendizaje. no es por tanto absolutamente disociable la emancipación material de la lucha por un “progreso intelectual de masa.”

La que Marx llamó, en la Crítica del programa de Gotha, el “desarrollo cultural [civil] de la sociedad”, Kulturentwicklung der Gesellschaft, – que es “condicionado” por la “formación económica” pero está en el mismo tiempo “más en bajo” con respecto del “derecho” y a las otras superestructuras – le adquiere en Gramsci una relevancia y un alcance más general. “Cultura” y “desarrollo cultural” o “civil” implican una tensión entre intelectuales y masas, como entre l’ “junto” de las superestructuras y el “sentido común”: “el punto de salida tiene que siempre ser el sentido común que espontáneamente es la filosofía de las multitudes que se trata de hacer ideológicamente” homogéneas, Q 1397 sg.)

Gramsci habla, desde los escritos juveniles y luego en los Cuadernos, del “proceso” de unificación histórica de la “sociedad humana”: él piensa, en términos políticos actuales, al dramático acercamiento de individuos, pueblos y naciones provocadas por la sociedad de masa, del imperialismo y de la primera guerra mundial, de la revolución socialista, del americanismo y fordismo; en términos intelectuales más epocales, al “largo y laborioso desarrollo de la filosofía y las ciencias naturales” que caracteriza el mundo moderno y que, como Gramsci retoma de Engels, es la “demostración” más rigurosa, en cuánto “recurre a la historia y al hombre”, que “la unidad del mundo consiste en su materialidad”, Q 1415 sg.)

Y’ absolutamente característico, en el pensamiento de Gramsci, como ya, pero de modo diferente, en aquel de Marx, éste posponerse recíproco de momentos sumamente teóricos y fenómenos históricos y empíricos.

Pulsa en los Cuadernos un “espíritu sistemático” que pero se opone infatigablemente y programáticamente, como demuestra la lucha decisiva contra l’ “organicismo” del Manuale de Bucharin, a cada vuelta dell’ esprit de sistème. Todo se tiene, con que se haga caso a la peculiaridad y a variedad de los “muchos rayos” del “prisma luminoso”, Q 33, principio junto de unidad y de diferenciación.

Quizás, en la soledad de la cárcel, ahora que “el espacio ya” no existe por él, Gramsci ha recordado un fragmento de Heráclito: “Los despiertos tienen un único mundo común, pero en el sueño cada uno se aparta justo” en un mundo a él.

Quell’ “único mundo común” “es grande y terrible, y complicado”: “y” por demás – él escribe de Viena a la amada Giulia, “en manos de los burgueses.”

4. Edward Said ha subrayado como uno de los aspectos más penetrantes y actuales del “mundo” de Gramsci sea su carácter “espacial”, da el amplio relieve que en ello asumen las cuestiones territoriales. Tiene aquí raíz el nexo profundo que ata la teoría de la hegemonía al aproche de Gramsci a la lingüística y al estudio histórico-geográfico de la evolución y la estructura de las lenguas.

El primero cuaderno de la cárcel promete en una dimensión sea selección nacional que internacional – a partir del modelo americanista del capitalismo-imperialismo del siglo XX – la cuestión meridional. “La hegemonía del Norte” no debe ser demonizada en absoluto. Al contrario. Ella – Gramsci dice en referencia al contexto nacional italiano – habría sido ‘normal’ e históricamente benéfica, si el industrialismo hubiera tenido la capacidad de ampliar con cierto ritmo sus cuadros para siempre incorporar nuevas zonas económicas asimiláis. Habría sido entonces esta hegemonía la expresión de una lucha entre el viejo y lo nuevo, entre lo productivo y el atraso, entre el más productivo y el menos productivo todas las fuerzas económicas habrían sido estimuladas y al contraste habría sucedido una superior unidad. Pero en cambio no fue así. La hegemonía se presentó como permanente”, Q 131.

Esta historia hecha con los “si” puede suscitar perplejidad. Pero el argumento aquí desarrollado por Gramsci es bastante el índice de una actitud antideterministico y de la búsqueda de nuevas calles de recorrer: ¿es posible transformar en factores de progreso y competición positiva las diferencias y los desequilibrios? Y’ una cuestión fundamental que ha asumido carácteres cada vez más dramáticos en el curso de nuestro siglo. El se puede considerar también de otro punto de vista, que Gramsci siempre propone en el primer cuaderno. Se trata de lo que él llama “el misterio de Nápoles”, que se puede generalizar a todo el sur de Italia y el mundo. “El misterio de Nápoles” ya ha sido notado, Gramsci dice, de Goethe, y consiste en el hecho que una población todo otro que holgazana y “lazzarona”, como querría “la leyenda” y ralea en lugar de ciudadanos “activos e industriosos”, como son los napolitanos, pone jefe a una sociedad harta poco “productiva” y más bien “parasitaria”. El análisis de Gramsci es rápido pero poderoso y apunta marxianamente a explicar como la “estructura económico-social de Nápoles explica mucha parte de la historia de Nápoles ciudad, así llena de aparentes contradicciones y de espinosos problemas políticos”. Gramsci subraya que una situación parecida existe no sólo en el Sur pero en toda Italia, y no sólo: “en medida notable se presenta en toda Europa, más en aquella meridional, cada vez menos hacia el Norte. En India y en China tiene que aún más ser anormal que en Italia y eso explica el estancamiento de la historia”, (Q 70 sg., cfr. Q 21452 sgg.)

Las distinciones geo-sociales se revelan esenciales para poder coger la unidad contrastada del mundo moderno. Ellas se expresan sobre todo en una dicotomía económica, Norte – Sur = desarrollo – subdesarrollo y una política, Oriente – Occidente = predominancia de la “sociedad política” – predominancia de la “sociedad civil” en la estructuración del Estado. Pero para considerar en todo su alcance estas categorías espaciales, hace falta encuadrarle en una problemática epistemológica y filosófico-política de fondo. En polémica con Russell, defensor de la independencia del hombre de la “existencia de dos puntos en el espacio, el uno a Norte y al otro a Sur”, Gramsci se pregunta:

“Qué significarían Norte-sur, Este-oeste sin el hombre? Ellos son relaciones reales y sin embargo no existirían sin el hombre y sin el desarrollo de la civilización. Y’ evidente que Este y Oeste son construcciones arbitrarias, convencionales, es decir historiadoras, ya que fuera de la historia real cada apunto tierra es en el mismo tiempo Este y Oeste. Eso se puede ver más claramente del hecho que estos términos se han cristalizado no en general del punto de vista de un hipotético y melancólico hombre pero del punto de vista de las clases cultas europeas que por su hegemonía mundial los han hecho aceptar dondequiera”, Q 1419.

Aquí se ve bien como la humanización del mundo teorizada por Gramsci tenga a que ver con una concepción humanística y universalistica del hombre no sino, vichianamente, con la construcción humana del mundo histórico, en particular con l’ “imagen” del mundo producida por la “hegemonía mundial” de las “clases a cultas europeas” y americanas, estadounidenses.

Es abierta la calle a la obra de Said que, siglo medio después de los Cuadernos de la cárcel, prometerá el “mundo” y la “mundanidad” como categoría-llave por el análisis literario y dibujará un vasto horizonte filosófico y político por la reconstrucción del nexo entre “cultura” y “imperialismo.”

5. atraviesa aparte de parte los Cuadernos de la cárcel una línea de pensamiento que se opone a cada pretensión de “centralismo orgánico” en la regla política como en la elaboración teórica. En este sentido Gramsci representó, ya en su tiempo, una alternativa a aquella regla y a aquella ideología que serán hegemónicas en el movimiento obrero y que, más tarde, tomarán el nombre de “estalinismo.”

En el primer cuaderno – que tiene por muchos aspectos carácter fondante por el conjunto de los Cuadernos – Gramsci afronta el problema de la elaboración unitaria de una conciencia “colectiva”, Q 33. Transcribirá y reelaborará toda la argumentación que contiene este paso en el cuaderno 24, donde el acento se desplaza sobre la “elaboración nacional unitaria de una conciencia colectiva homogénea”, Q 2267. Y’ importante esta variante pero aquí sólo nos interesa una cuestión más general de método. Gramsci sigue un difícil equilibrio entre la conciencia de la necesidad de la “difusión de un centro homogéneo de un modo de pensar y de obrar” y la instancia de la autonomía y diversidad en el modo en que “cada capa” o grupo social “elabora su conciencia y su cultura” en el contexto de un cuadro unitario.

“El mismo rayo luminoso pasa por prismas diferentes y da refracciones de luz mucho: si se quiere la misma refracción hace falta toda una serie de rectificaciones de los individuales prismas. La ‘repetición’ paciente y sistemática es el principio metódico fundamental”… Pero como es posible una “repetición” no mecánica, como es posible, en otras palabras, que un mismo “principio” realmente se acostumbra “a los muchas particularidades siempre organizando cada aspecto parcial en la totalidad”?. Gramsci concluye enunciando un objetivo metodológico del que es difícil no hallar la idoneidad a los problemas de nuestro mundo, cada vez más interdependiente en sus aspectos y en sus partes pero también cada vez más distinto y abrupto: “Encontrar la real identidad bajo la aparente diferenciación y contradicción y encontrar la sustancial diversidad bajo la aparente identidad, he aquí la más esencial calidad del crítico de las ideas y el historiador del desarrollo social, Q 33 sg.) En el cuaderno 24 esta calidad “esencial” también será definida “la más delicada” y “incomprendida”, Q 2268.

Tenemos emplazado Said. De su punto de vista – se piensas sopratutto en aquel su gran fresco sobre el mundo contemporáneo que es Culturas and imperialism – la metáfora del “rayo” y los “prismas” cuál principio de speigazione y orientación por un proceso positivo de superación de los contrastes y reunificación de los diferentes, pudiera prestarse a la crítica de querer mantener, a pesar de su democratización, la primacía del centro sobre las periferias. Si asumimos no sólo en todo su espesor las nociones de “imperio” pero también de “resistencia” al imperio, tal como Said viene mano construyéndolas en su libro, nos percatamos que el problema de los problemas es hoy en efecto el aflorar sobre escalera mundial de una necesidad de solución del “misterio de Nápoles” y el correspondiente misterio de una “hegemonía benéfica” – para retomar el lenguaje de Gramsci – de modo “contrappuntistico”, como dice Said, o “polifónico”, como dijo Baktin: en ambos casos no hay más necesidad de un “centro” a la que hagan referencia las “periferias”. se trata bastante de construir estructuralmente un mundo y radicalmente plural, refractaria a cualquier “fundamentalismo.”

Como 5 ha visto, Gramsci habla en el cuaderno 24 de la necesidad de construir una “conciencia colectiva homogénea”. La referencia es al contexto nacional pero hoy, en presencia de vastos organismos sovranazionali que van formando, la cuestión puede y tiene que ser considerada en una dimensión más general.

Concluida la experiencia del estalinismo y todavía viva y sana aquel del americanismo, con su corolario político del Nuevo Orden Mundial, justamente alzamos las orejas en cuanto sentimos hablar de “homogeneidad”, “homologaciones”, Gramsci también habla de “conformismos” o financo de “universalismo”. Asistimos en efecto a una tentativa paradójica y perversa, pero no por este eficaz, de unificación cultural del género “humano” que, si lograra de veras, implicaría una drástica reducción y simplificación de todas las “diferencias” y la extensión a las masas, tendencialmente de todo el mundo, del individualismo burgués. Si a la sociedad y a la cultura occidentales – como Marx y Sartre han enseñado – es connaturalizado “el risco del solipsismo”, ha emergido hoy la insidia de un ‘solipsismo de masa’, de que es máximo manantial y expresión lo imaginario televisivo hegemónico en el mundo.

Con esta expresión – solipsismo de masa – es quizás posible compendiar la versión cultural-popular de aquel clamoroso columpio entre ideología-mundo e ideología-individuo sobre el que, con poca creíble soltura, se esfuerzan de mecer a los muchos profetas del lunar-liberalismo. Resulta un más o menos consciente y por lo tanto culpable confusión entre elementos atomistici y elementos totalitarios en la construcción de los conceptos de sociedad y libertad, que entumece las conciencias y aparece congenial a una dialéctica política confiada más a la imagen que a la realidad.

Una reciente revista de consumo cultural llevó como eslogan: “Industriales de todo el mundo, uníos”. Marx y Engels todavía se apelaron sólo a los proletarios “de todos los países”. La unificación transnacional del mundo tiene efectivamente acabada, gracias a la industria, hoy sobre todo de las comunicaciones, pasos de gigante.

¿Debemos entonces, al sitio de nuestra bonita fantasma, conformarse con una pequeña pantalla televisiva, controlada por la industria cultural, sobre el que parece ser quebrantado él tanto pensamiento crítico de 150 años a nuestros días?

Quizás los proletarios de todos los “países”, en esta simplificación excesiva con respecto de una realidad más compleja, no han habido nunca. No es necesario establecer cual sujetos sociales hayan tomado el sitio o se hayan acercado a los “proletarios”. Lo que cuenta es que de la fantasma hay una necesidad difusa, y en todo el mundo. Aunque no se trata de la fantasma de un comunismo a todo círculo, y antes, al menos por ahora, de aquel de un nuevo “sentido común” que sepa recoger la herencia mejor al comunismo realmente existido, merece la pena de encontrarnos hoy aquí a recordar en mucho a nosotros mismos que no somos mil millones de átomos aislados y que estos mil millones tienen que todavía un mundo ganar: qué la unificación cultural y material del género humano es un proceso abierto y onconfutabile, pero de señal absolutamente incierta. Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad.

Nota:

(*) Advertencia: Con la expresión Q seguido por el número de las páginas, es citado la edición crítica de los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci, a cargo de Valentino Gerratana, 4 vol., Einaudi, Turín 1975

Giorgio Baratta es Vicedirector de la Internacional Gramsci Society

***
Fuente: Gramscimania: http://gramscimania.blogspot.com/2010/11/el-concepto-de-mundo-del-manifiesto-del.html

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