Camino Socialista

24 octubre, 2010

Notas sobre Gramsci

Filed under: Lecciones de la historia — caminosocialista @ 12:33 am
Tags:

Por Anticapitalista

Antonio Gramsci fue uno de los marxistas revolucionarios más importantes del siglo XX. Sus aportaciones teóricas siguen siendo de gran valor.

La gran preocupación de Gramsci durante toda su vida adulta fue el triunfo de la revolución desde abajo. Ingresó en el Partido Socialista Italiano en 1915 cuando Italia se unió al bando de los aliados en la Primera Guerra Mundial.

Simpatizó enormemente con el triunfo de la revolución rusa y en 1919 fundó L’Ordine Nuovo, un periódico de tendencia bolchevique dentro del PSI. Desde sus páginas, Gramsci escribió muchos artículos sobre los consejos obreros que se estaban formando durante la oleada de ocupaciones de fábricas del norte de Italia en el transcurso del biennio rosso entre 1919-20. Los veía como órganos de poder de la clase trabajadora y el embrión de una nueva democracia obrera.

El PSI creció exponencialmente en aquellos años pasando de 23.000 afiliados a más de 200.000 en 1920, pero se mostró incapaz de relacionarse positivamente con el enorme movimiento obrero. Gramsci, junto a quienes militaban en torno a L’Ordine Nuovo rompió con los socialistas en 1921 para construir el Partido Comunista de Italia, abiertamente revolucionario e inspirado por aquel entonces en el Partido Bolchevique de Lenin. Para Gramsci, la estrategia del partido debía basarse en liderar un ataque frontal contra el Estado burgués, lo que llamó “guerra de maniobra”.

La clase dominante gobernaba gracias a la coacción del Estado y su monopolio de la violencia, por lo que era fundamental derribarlo. Pero también lo hacía gracias al consentimiento de aquellos mismos sobre quienes gobernaba. Ésto era posible gracias a lo que Gramsci denominó hegemonía cultural.

Marx había escrito que “las ideas dominantes en todas las sociedades son las ideas de la clase dominante”. Para Gramsci las instituciones de la sociedad civil -el sistema educativo, las instituciones religosas, etc- tejían todo un enjambre de transmisión de esas ideas por lo que también era esencial desarrollar una lucha ideológica, lo que llamó “guerra de posición” para romper con esas ideas, disputar y ganar el liderazgo de la clase trabajadora antes de la lucha por el poder.

En Italia tras el biennio rosso, las vacilaciones del PSI frente a la amenaza fascista impidieron que esa lucha por el poder fuera ganada por los trabajadores. El escaso recorrido del PCI como fuerza política independiente tampoco fue suficiente para impedir la llegada al poder de Benito Mussolini en 1922. Bajo un régimen fascista que aplastó el movimiento obrero y ya desde la cárcel, Gramsci desarrollaría conceptos clave para la guerra de posición, la inevitable lucha ideológica contrahegemónica, y evitar así futuras derrotas.

Consciencia de clase

A grandes rasgos Gramsci señaló como la consciencia popular mostraba tanto ideas progresistas como ideas reaccionarias. Otros revolucionarios habían hablado antes de ello. Marx había apuntado que en el interior de la clase trabajadora existen distintos niveles de consciencia.

Trostky decía que con sólo 5 obreros era posible conocer al conjunto de la clase trabajadora rusa. Uno -decía- era un militante de izquierdas que siempre apoyaría las luchas obreras, otro un reaccionario rompehuelgas que únicamente miraba por su interés. El resto vacilaba entre una y otra posición. A ésto, Gramsci añadió que los y las trabajadoras tienen frecuentemente una consciencia contradictoria.

Por un lado, su relación con los medios de producción en su actividad diaria los sitúan codo a codo con otros trabajadores mostrando todo su potencial para transformar el mundo. Sin embargo muchos mantienen ideas reaccionarias, “heredadas del pasado y absorbidas acríticamente”. Así pues no es extraño encontrar trabajadores en un piquete de huelga que al mismo tiempo albergan ideas racistas o sexistas por ejemplo.

Para Gramsci, esta contradicción entre el pensamiento y la acción es central en la consciencia popular. Pero dado que en ocasiones los y las trabajadoras se ven obligados a luchar a pesar de apoyar la ideología dominante, existe también la oportunidad de romper con esa ideología. Es en el transcurso de esas luchas donde la consciencia popular podía dar lugar a una consciencia de clase más política.

Tanto para Marx como para Gramsci las ideas no son estáticas. Éstas cambian según las circunstancias materiales y las experiencias vitales que rodean al individuo y la clase. Cuando la percepción del mundo de los y las trabajadoras, su sentido común, choca con la realidad que se experimenta a través de la lucha las ideas dominantes se desmoronan. En el mismo instante que el anterior trabajador con ideas sexistas se encuentra codo a codo con mujeres en los piquetes de huelga deja de verlas como un objeto y empieza a considerarlas compañeras de lucha, de igual a igual.

En el proceso de la lucha, la clase trabajadora abandona el sentido común -una mezcla de ideas progresistas y reaccionarias propias de la consciencia popular- para adquirir el buen sentido, la consciencia de clase por la cual, los y las trabajadoras se oponían al poder dominante.

Sin embargo, en ningún momento dice Gramsci que ésta sea una tarea fácil, ni mecánica. Al contrario escribe como “toda revolución ha sido precedida de un largo proceso de actividad crítica”, de lucha ideológica contrahegemónica donde los y las revolucionarias juegan un papel esencial en cada lucha. Una guerra de posición previa a la lucha por el poder del Estado.

Para Gramsci la formación política de los miembros del partido era una necesidad vital. Todos y cada uno de los miembros del partido debían ser activos, líderes capaces de impulsar las luchas a través de las cuales las clase trabajadora tomara consciencia para sí.

Por supuesto” -decía Gramsci- “no se le puede pedir a todos los trabajadores de la masa obrera que sean completamente conscientes de la compleja función que su clase está llamada a desempeñar en el proceso de desarrollo de la humanidad. (…) Pero eso sí que hay que pedírselo a los miembros del partido”.

El partido debía ir agrupando a los sectores más conscientes de la clase trabajadora, formar intelectuales orgánicos capaces de relacionarse con el resto de la clase y ganarse su liderazgo en el transcurso de la guerra de posición.

El énfasis que Gramsci puso en la cuestión ideológica fue usado por los sectores reformistas y academicistas en los años 70 para desvirtuar su política revolucionaria. Muchos tomaron sus escritos como ejemplo de la necesidad de cambiar el mundo a través de un cambio de valores en el sistema educativo. No obstante, Antonio Gramsci dedicó toda su vida, desde su llegada a Turín como estudiante en 1911 hasta su muerte en 1937 tras largos años encarcelado por los fascistas, al triunfo de la revolución de los y las trabajadoras.

***

Fuente: Blog Anticapitalista

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: