Camino Socialista

19 mayo, 2010

El momento histórico exige la refundación del Partido Comunista

Por Miguel Alayza Angles

El fracaso electoral del Frente Amplio de Izquierda FAI, donde participaron como las fuerzas más importantes los dos Partidos Comunistas (el Partido Comunista Peruano y el Partido Comunista del Perú-Patria Roja) es un indicador político de innegable valor porque pone de manifiesto una profunda crisis que por igual afecta a ambas organizaciones, al margen de las diferencias de desarrollo y escenarios políticos que las caracterizan.

Si bien, tradicionalmente, las organizaciones marxistas en el Perú han considerado declarativamente la tarea electoral como una simple actividad coyuntural, en los últimos treinta años su actividad central ha estado alrededor de los procesos electorales.

La primera constatación que se oferta al análisis es la brecha entre el pueblo (la clase obrera incluida) con los Partidos Comunistas, demostrando una pobre convocatoria política y una incapacidad de plantearse como alternativa frente al desgaste y agotamiento de las organizaciones políticas de la derecha. Esta disociación entre pueblo y organizaciones marxistas, fue una característica que desde la muerte de Mariátegui, nunca pudo superarse, salvo en el corto y fugaz periodo de Izquierda Unida.

Dentro de la formación social peruana competía al Partido Comunista organizar, convocar y dirigir no solo a la clase obrera, sino a todos los segmentos populares y grupos sociales que por la naturaleza de las contradicciones sociales, son aliados naturales del proletariado en la construcción de un proyecto socialista y solo pueden encontrar en él la garantía para su desarrollo. Esta disociación se entiende mejor cuando encontramos que una organización socialdemócrata es la que logra cubrir este rol, es decir el Partido Aprista. Organización que desplaza y suplanta al Partido Comunista, ventaja que los marxistas no han podido revertir hasta la fecha.

Cuando se fracasa concurren factores internos y externos. Entre los externos no podemos ignorar la gran ofensiva, en todos los campos, que despliega (y desplegó) en forma permanente el tremendo poder imperialista, las burguesías locales, los partidos de derecha -donde debe quedar incluido con precisión el Partido Aprista-, las iglesias, la prensa reaccionaria y los propios grupos pseudoizquierdistas y la falta de un escenario democrático real.

Entre los internos existen innumerables hechos y condiciones que en su conjunto concurrieron a crear una sumatoria que en términos de generalidad significan, al final, un manejo inadecuado de las categorías marxistas acerca de la construcción de Partido. Significan un manejo inadecuado del análisis “concreto de la situación concreta”. De una conducta de dependencia y sumisión a consignas y paradigmas extraños a las necesidades de nuestra sociedad, me refiero al fenómeno Moscú – Pekín. A la falta de relaciones democráticas en la vida interna. A la primacía de un pensamiento centralizado en la infalibilidad de los Comités Centrales. Al desprecio por el pensamiento revolucionario latinoamericano. La izquierda formal no terminó de incorporar a Mariátegui, ni menos al Che.

A los problemas conceptuales se sumaron problemas de conducta, que afloraron bajo la expresión de múltiples deformaciones o desviaciones, que en la mayoría de los casos no tuvieron el trato adecuado y oportuno. Estas graves desviaciones quedaron incorporadas al modus operandi de las organizaciones y al modus vivendi de sus dirigentes y militantes, contribuyendo, dentro de este perfil, a agotar las estructuras partidarias frente a las masas y sumirse dentro de un mimetismo con los partidos de derecha desdibujando la tarea de construir un Partido de nuevo tipo.

Los desencuentros con el trato oportuno y adecuado de las coyunturas y la fuerte dependencia con paradigmas dogmáticos, permitió el nacimiento, como respuesta natural, de una serie de tendencias contestarias que culminaron, en muchas oportunidades, en nuevas organizaciones de cuño marxista. Hecho que contribuyó a dar un marco complejo y retardar el desarrollo sólido del movimiento comunista peruano.

Si tuviésemos que priorizar la identificación de los problemas, me permito señalar dos. El primero, la automarginalidad de la política y el segundo, la instalación de un neo-revisionismo, que en los últimos años ha forjado una perdida de identidad ideológica y política. Hubo una confusión entre Partido y Sindicato ¿Cuánto esfuerzo alrededor de la CGTP o el SUTEP? ¿Y cuánto sobre la presencia política del PC y Patria Roja frente a las masas?

Frente a esta crisis que llega en los momentos más críticos hay ausencia de una autocrítica completa y satisfactoria. El último Pleno del PC es una expresión de esta carencia. Tal parece que las direcciones y la propia militancia toman el momento actual como una cuestión natural, dentro de una adecuación a lo mínimo, a lo marginal, dentro de una domesticación al pasivismo. Hace años que el PC y Patria Roja nos deben una autocrítica científica, no solo en términos de las propias crisis locales, sino del análisis objetivo y doctrinario del derrumbe del socialismo europeo y los giros en la República Popular China. ¿Donde quedaron las tesis que dieron lugar a la división del PC?

Ahora, en vez de afrontar, con medidas inmediatas y constructivas, la situación actual se preparan para participar en los próximos procesos electorales municipales y regionales, alargando la agonía de las débiles estructuras actuales y poniéndolas de espaldas a las necesidades y retos que reclaman una rectificación histórica.

Esto ha permitido que, algunos sectores marxistas, dentro de una percepción subjetiva e infantil, hayan asumido, como propio, el triunfo de Ollanta Humala, considerando que, parte de sus banderas, fueron asumidas por él.

Por otro lado, además de la crisis de la izquierda marxista, merece mencionar el ascenso de la lucha de clases a nivel mundial y latinoamericano; ascenso que comprueba, con creces, la vigencia de la confrontación de clases y la necesidad de construir un nuevo sistema. Pero, además, se percibe que amplias mayorías se definen por cambios radicales, entendiendo por radicalidad el planteamiento de soluciones definitivas, totalmente diferentes a las que las burguesías locales ofertaban.

Estos movimientos o tendencias, nacen y se desarrollan independientemente de los movimientos comunistas nacionales, condición que no les quita su carácter revolucionario ni cuestiona su clara definición antiimperialista. Este fenómeno se constata como un denominador común y ha demostrando que los Partidos Comunistas en esos lugares, al igual que en el Perú, van a la saga de los acontecimientos. Esta situación confrontacional, pone en alerta al imperialismo y a todos sus aliados locales. No en vano vemos la desesperación de los políticos burgueses para atacar y denigrar a la Revolución Bolivariana de Venezuela o las medidas patrióticas de Evo Morales.

Todos estos hechos, en su conjunto, abogan a favor de plantear la necesidad de refundar el Partido Comunista en el Perú. Sin un nuevo Partido, que aglutine a todos los comunistas peruanos, bajo una sola bandera y una sola línea, se corre el riesgo de prolongar la crisis hasta niveles hipercríticos, privando a la militancia revolucionaria del instrumento más valioso para ligarse al pueblo y junto con él participar en la construcción de una nueva sociedad.

Los esfuerzos realizados meritoriamente por ambas direcciones políticas, en las que destacan Renan Raffo, Alberto Moreno y cuadros intermedios tanto del Partido Comunista como de Patria Roja, en la búsqueda de niveles de coordinación y unidad, y que, culminaron con la convocatoria del FAI, han demostrado que no resuelven el problema de fondo. La unidad de los comunistas exige un solo aparato orgánico, un solo escenario interno, donde ventilemos democráticamente nuestras tareas de reconstrucción y nos forjemos dentro de la vocación mariateguista creadora, antidogmática y profundamente revolucionaria.

Una crítica a los Partidos Comunistas, no significa desmerecer su influencia en los sectores populares, que sirve de orientación en la confrontación cotidiana con el sistema y que, en momentos determinados no titubearon en enfrentarse combativamente con las dictaduras de turno o las agresiones al pueblo peruano. La historia del movimiento popular está indesligable de la presencia y participación de los comunistas. Las conquistas del pueblo peruano pasaron por las luchas donde los comunistas tuvieron un papel destacado. Influencia y ligazón que qué no se ha podido canalizar hacia la construcción de Partido, por confusión de roles y fines, que es parte de las desviaciones sujetas al debate.

Arequipa, 5 de mayo del 2006

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Fuente: Jornal de Arequipa, http://www.jornaldearequipa.com/Critica.M.Alayza.htm

Tomado del blog: Tacna Comunitaria: http://tacnacomunitaria.blogspot.com/2010/05/el-momento-historico-exige-la.html

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