Camino Socialista

21 abril, 2010

Salvar el planeta: un asunto político integral de primer orden

Por Eddy Gómez Abreu

21 de abril, 2010.- Hasta hace poco, en el debate político cotidiano se le daba moderada prioridad al tema ambiental, así como a la cultura. Eso está determinado así, porque a modo general, el modo de vida capitalista nos limita el conocimiento. A pesar de la forma avasallante y abrumadora con que nos impacta actualmente la amplitud del conocimiento humano, éste se ha especializado tanto que hoy parece que sabemos más de cada vez menosEl mundo de lo especializado nos incita a que cada quien haga sólo lo que le corresponde, a cumplir su papel de engranaje del sistema; los que somos médicos sólo debemos diagnosticar, poner un estetoscopio y emitir un récipe. Debemos volver a revisar el mundo integralmente desde lo general a lo particular y sobrepasar desde la cotidianidad en la que vivimos la fragmentación, la parcelación del conocimiento, ya que es un modelo ideado para dividirnos y conducirnos con mayor facilidad.

El capitalismo nos fragmenta

Por eso el tema del ambiente, ha sido relegado y pasó ser considerado relegado sólo para técnicos y especialistas. Pero tanto la sociedad como la naturaleza, conforman unidades donde sus partes están perfectamente imbricadas e interrelacionadas como un todo, nosotros no podemos seguir manejando datos fragmentados ni mantenernos en la parcela mental en que nos encasillan. En particular, en este momento en que el capitalismo ha degenerado en diferentes crisis globales, en los niveles ético, ambiental, energético y financiero, es importante conocer el sistema como un todo, verlo de forma integral para trascenderlo. El capitalismo industrializado ha mantenido un sistema consumista devorador basado erróneamente en la infinitud de los recursos mundiales. Sólo tenemos un mundo y el sostenimiento del sistema resulta inviable para toda la humanidad a corto plazo.

Estados Unidos consume un 23% del consumo mundial, aproximadamente 20 millones barriles de petróleo al día y les queda menos de una década de reservas. La potencia del norte incita la guerra para cubrir las necesidades económicas de sus empresas armamentistas, vendiendo y usando dichas armas, además intentar asegurar la necesidad estratégica de su energía. Ellos buscan tener el control de los territorios con mayores reservas de petróleo a nivel mundial.

Los elementos sustitutivos de la energía que se produce a base del petróleo y sus derivados, no han tenido el mismo grado de eficacia, como para poder implantarse con el mismo éxito que los combustibles fósiles. Han buscado formas de sustituir este tipo de energía, a través del etanol y otros biocombustibles, con una filosofía que implica destruir los bosques del mundo. Esto producirá una crisis alimentaria inusitada, basada en la absurda idea de hacer pasar hambre a la humanidad para cubrir sus necesidades energéticas irrefrenables.

Según reciente reporte del ONU, la cifra de hambre en el mundo sigue en aumento[1]. Con la mitad de los presupuestos de guerra norteamericanos, se resolvería el problema del hambre mundial. Estamos frente a la crisis del capitalismo que siempre cambia de nombre y etiquetas, disfraza intenciones y se mimetiza constantemente.

El ambiente es un problema político integral de primer orden

No debemos dejarnos engañar con el mito de que el problema ambiental le corresponde sólo al Ministerio del Ambiente o las especialistas y técnicos del tema. A ellos les corresponde un papel principal, pero no podemos dejarlos solos. Con la gravedad de la situación mundial, sólo puede ser considerado como un problema político de primer orden, cuya solución requiere la intervención de todos los componentes de una sociedad. No podemos verlo desvinculado del modo de vida capitalista, que no tiene salida a mediano plazo, que sencillamente sobrevive porque ha llenado las arcas de la mayoría de estos países desarrollados a costa del sufrimiento de la mayoría de los pueblos del mundo. Debemos insistir mucho en el tema ambiental, preocupación fundamental del Parlamento Amazónico. Estamos en una encrucijada, es la hora de que cada uno de los nosotros se defina, porque no hay alternativas intermedias, o estamos con un modo de vida capitalista, devorador, que se comporta como la fiebre que enferma el mundo, negación de la naturaleza y del ser humano, o nos comprometemos en la búsqueda de un modo armonioso, ecológico, solidario en busca de un mundo convivible y respirable.

El capitalismo induce las miserias humanas, la envidia, produce rompimiento de la unión familiar, induce necesidades creadas, coloca como sinónimo de bienestar y felicidad artificial a la acumulación de materiales, muchos de estos realmente innecesarios e inútiles, que sólo engrosaran el bolsillo de los capitalistas. También le pone precio a todo, a la salud, a los recursos naturales, a los seres humanos.

Marx mencionaba que la mayoría de los seres humanos estamos enajenados, lo que implica que el hombre está separado de las necesidades espirituales y seducido por la acumulación material sin freno. Este mundo materialista sin fin nos separa del mundo afectivo, imaginativo, lúdico, porque ubica como el centro absoluto al dinero y se vale de la división del trabajo. Mientras estemos fragmentados, nos aplican fácilmente la vieja táctica del divide y vencerás.

La fuerte crisis climatológica que atraviesa el planeta es realmente alarmante. Los problemas ocasionados por la contaminación ambiental y la depredación a la naturaleza deben ser una prioridad política. El comportamiento del modelo de desarrollo capitalista para destruir a la Tierra ha sido evidente, generando cada día más pobreza, agotando las reservas hidrológicas, y la sustentabilidad del medio ambiente reduciendo el nivel de vida del hombre y las especies vegetales y animales. Por ello, en Venezuela acabamos de sufrir una de las sequías más fuertes, por lo que se secaron algunos de nuestros ríos.

Con la mitad de los presupuestos de guerra norteamericanos, se resolvería el problema del hambre mundial.

Se han devastado más de las dos terceras partes de los bosques del planeta, en los últimos cien años. Actualmente el 20% de la selva amazónica ha sido destruida. La recuperación del bosque es imposible en estos términos.

Es irrefutable que el agua potable puede no ser recuperable y será unos de los recursos más preciados en un futuro cercano. Por ello, es vital la conservación de los bosques y selvas, como la Amazonía, ya que son entidades naturales cruciales en la autoregulación del planeta frente a las consecuencias del cambio climático.

El recalentamiento del planeta es un hecho palpable. Se han desprendido gigantes bloques de hielo en los polos del tamaño de un estado norteamericano. Somos asombrados testigos de la deglaciacion de los Andes, de los Himalayas, Siberia, apreciamos las grandes heladas en el hemisferio norte, la alarmante cuadruplicación de las tormentas tropicales, que arrasan poblaciones enteras. Vemos con nuestros propios ojos cómo los efectos de una variación de 0,7 ˚C de recalentamiento global, ha hecho que crezca el nivel de las aguas marinas. Muchas islas van a desaparecer en cuestión de una década, como la isla venezolana de Cubagua, cerca de Margarita, y muchas islas de Pacífico.

Lo que está en juego es la existencia del ser humano

Los países más afectados por el cambio climático serán las más pobres del planeta, cualquier evento climático extremo les será más difícil superarlo. En ciertos casos alarmantes, podrían ver destruidos sus hogares, sus fuentes de sobrevivencia y serán obligados a migrar y buscar refugio. Aun cuando el 75% de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero se originaron en los países irracionalmente industrializados del norte, la Cumbre Climática de Copenhague (COP 16), celebrada en diciembre del 2009, se constituyo como una burla mundial, ya que por intereses de países desarrollados liderizados por el Presidente Obama, no llegó a ningún acuerdo vinculante para frenar el cambio climático. No se ha logrado dar pasos efectivos hacia el objetivo de proteger a la madre tierra porque, en general, a los gobiernos capitalistas les ha faltado la voluntad política necesaria. Aunque reconocen la gravedad del problema y aceptan que está causado principalmente por el uso de combustibles fósiles, reducir ese uso implica profundos cambios en el sistema económico mundial vigente e incluso en el estilo de vida de los ciudadanos de los países desarrollados.

Nadie duda de la dificultad de reducir emisiones en la fuerte cuantía necesaria, ni de la complejidad de lograr un acuerdo mundial, pero retrasarlo sólo lo hará más difícil. Si las medidas que cada país ha tomado para cumplir el Protocolo de Kyoto, por escasas que sean, no tienen continuidad tras 2012, las señales de transformación que estaban llegando a las sociedades, se perderán y se puede asegurar que las emisiones continuarán creciendo sin control. Necesitamos que en 2013 haya normas para reducir emisiones y sean mucho más ambiciosas que las actuales.

Los países industrializados tienen que asumir su responsabilidad sobre el CO2 ya acumulado en la atmósfera, por ello y por su mayor capacidad financiera y tecnológica, su reducción de emisiones en 2020 tiene que ser del 40% sobre la situación de 1990. Una reducción que debe realizarse íntegramente en su territorio, la que se obtenga de terceros países ha de contabilizarse aparte.

No debemos conformarnos con sólo ganar la batalla electoral, tenemos también que ganar la batalla cultural e ideológica para salvar el planeta. Estimular a nuestros jóvenes para que participen en el debate político. La política es un hecho consustanciado a todo el ser humano – hasta en la indiferencia somos políticos. La política es una ciencia social madre, que tiene que ver con todo, con la salud, la educación, etc, para superar la trampa del capitalismo nos ha fragmentado el conocimiento, debemos tener una visión integral de los fenómenos sociales en que estamos inmersos y estar en la capacidad de impulsar las transformaciones sociales.

La destrucción masiva, la minería ilegal la cría de ganado y las madereras que inducen la deforestación de la selva están creando las condiciones para que un lapso de pocas décadas, la Amazonía se convierta en un desierto. El problema no sólo es el desarrollo desmedido, la explotación agrícola y la ganadería indiscriminada o las industrias agroalimentarias trasnacionales, sino sencillamente que está en juego la existencia del ser humano, nuestra subsistencia como seres vivos.

Ponemos en la balanza la necesidad de apurar los cambios fundamentales de la sociedad. En Latinoamérica está cifrada la esperanza del planeta, en nuestras revoluciones, en nuestros esfuerzos por cambiar. Nosotros no podemos tomar en juego, no podemos dudar, frente a esa esperanza que los pueblos pobres y oprimidos del mundo han puesto en América Latina.

Ganar la batalla cultural e ideológica para salvar el ambiente

Trosky menciona que la cultura tiene una fuerza revolucionaria y tiene elementos de base para la lucha contra cualquier forma de dominación. Al hacer al hombre más sensible, lo hace más crítico, un hombre menos sometido a la dominación.

Podemos ganar las elecciones con una avalancha de votos, podemos ganar por mayoría nuestras Asambleas y congresos, pero si no ganamos la batalla cultural nos quedamos cortos aún, porque en ella se fundamenta el núcleo de las estructuras de la dominación que tenemos en nuestras propias mentes.

Son muchos años que hemos sufrido la dominación cultural, el valor exacerbado del dinero, de la mercancía, estamos alienados por la economía y ese sometimiento nos afecta en la vida cotidiana. El capitalismo ha penetrado nuestra cotidianidad, controlan nuestras mentes a través de la publicidad para que la gente compre compulsivamente cosas que ni siquiera necesita, a través de la incesante propaganda en la televisión, el cable y el cine. Esta es la guerra de la cuarta generación, donde los medios de comunicación juegan un papel crucial, crean matrices falsas, realidades paralelas, donde resulta increíblemente excepcional el compromiso con la verdad. Se ve mal el derecho a la crítica. Hoy son maquinarias para la guerra de opinión y engañan al pueblo.

Ante esta realidad no tenemos otra alternativa que estimular a que nuestros pueblos a que tengan mayor conciencia, estudiar todos los días para comprender esa gran maquinaria social donde estamos inmersos, y que cada vez se perfecciona más, para seguir acumulando capital para unos pocos y cuando en la tierra no haya nada qué explotar, desaparecerá el capitalismo junto con el ser humano.

Hago un llamado de atención para que no nos conformemos con sólo ganar la batalla electoral, tenemos también que ganar la batalla cultural e ideológica para salvar el planeta. Estimular a nuestros jóvenes para que participen en el debate político. La política es un hecho consustanciado a todo el ser humano – hasta en la indiferencia somos políticos. La política es una ciencia social madre, que tiene que ver con todo, con la salud, la educación, etc, para superar la trampa del capitalismo nos ha fragmentado el conocimiento, debemos tener una visión integral de los fenómenos sociales en que estamos inmersos y estar en la capacidad de impulsar las transformaciones sociales.

Una de las armas de la burguesía es la despolitización de las mentes desprestigiando lo político. Esa es la trampa del enemigo para ellos tener el control del poder. Debemos politizar, hacer partícipe de forma consciente y formada a las masas, llevarlas al debate, a la lectura, al estudio, a la discusión, al trabajo de los más necesitados, denunciar a los infiltrados que tenemos dentro del proceso, trascender el sectarismo, el individualismo, la burocracia, a impulsar la cultura de la solidaridad. Hacer que los mismos pueblos y las individualidades de ese pueblo se conviertan en un motor de cambio social. Los pueblos latinoamericanos somos protagonistas. Este es un elemento crítico en un momento absolutamente necesario, donde si queremos rescatar a nuestros pueblos tenemos que pensar que la revolución, según el decir de Leon Trosky, debe ser permanente”.

Nota:

[1] Según el secretario general de Naciones Unidas (ONU) , Ban Ki-moon, en su informe entregado a la Asamblea General en Marzo de 2010, explicó que “en el mundo, el número de personas que padecen hambre aumentó de 842 millones en 1990-1992 a 873 millones en 2004-2006 y a mil 200 millones en 2009, nivel que nunca se había alcanzado antes”.

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El autor es médico, Diputado a la Asamblea Nacional de Venezuela (Estado Aragua) y Presidente del Parlamento Amazónico Internacional

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Fuente: www.parlamentoamazonico.gob.ve

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